
- Dime que estoy bonita...
- Yo veo lo que veo...
- ¡Dime que estoy bonita!
- ¡Yo veo lo que veo!
- ¡¡¡Que me digas que estoy bonitaaaaaaaaa!!!
- ¡¡¡¡YO VEO LO QUE VEEEEOOOOOOO!!!
Dios, más claridad, en el Polo. Así somos. La coqueta necesitada de la aprobación ajena y el realista prosaico. Tantos años de lucha feminista, de reivindicar voz, voto, firma en el banco, igual salario, las mismas condiciones, maternidad... tantos años de quemar sujetadores en hogueras militantes hace ya casi medio siglo, de terapias, de refuerzo personal, de aprender a querernos, entendernos y aceptarnos, de buscar nuestro propio camino en la selva profesional... En fin, tanto ¿pa'qué? Si resulta que las estanterías de las Barbies, las Bratz, las Monster High -yo con estas flipo, aún no sé si me gustan o no- quedan arrasadas y temblorosas estos días como las de los supermercados en plena hambruna post-nuclear. Que ponernos guapas está muy bien, no seré yo quien diga lo contrario. Pero para nosotras, ¿no? Si ya sabemos que cuando una se gusta, también gusta al resto. Ahí está el truco.
El chico, bien. Como terapeuta de Gestalt le veo futuro. Como dependiente de Gucci, dos días.
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